
Mi vecino Ronca. Lo supe la segunda noche que llegué acá. (La primera dormí como tronco, no sentí nada).
A mi vecino no lo conozco. De hecho, estoy asumiendo que es hombre.
Mi vecino ni siquiera vive en mi mismo edificio, pero al parecer nuestras almohadas solo están separadas por el internit de su edificio y el mío.
Y en esa débil separación radica el origen de esta historia (-gracias constructora-).
¡Y es que mi vecino ronca! ¡Y de qué manera!
Continúo.
La segunda noche acá me quedé escuchándolo mientras Morfeo volvía a mi. Llegó un punto de mi desvelo en que pensé había muerto, porque no lo escuché en varios segundos. Pero no. Al parecer, mi vecino que asumo es hombre y ronca, además tiene amnea del sueño.
Al tercer día, por la tarde, me enteré que tipo de música le gusta. No sé porque tengo la idea de que es un escritor frustrado, que se sienta delante de una máquina de escribir antigua con una boina negra y un café a buscar inspiración para una novela que nadie leerá. No lo sé. Pero ese día por la tarde, cada 40 minutos aproximadamente, encendía hi-hop. Sí, hip-hop. Y en francés (debe ser culto el hombre). Y hip-hop a un volumen no precisamente moderado que, de sentirme más empoderada de mis derechos de vecina, habría denunciado.
Pero eso no es todo.
No señoras y señores. ¡Mi vecino tiene algo más que contar!
Mi vecino que no conozco (y que después de esto realmente espero no conocer jamás) anoche tuvo visitas. Y no cualquier visita. Eran eso de las 01:30 hora local (-maldición, aún no asumo el cambio de horario-) y ya había roncado un rato. Yo dormía al igual que él, hasta que escuché un portazo seguido por un “aquí estoy bebé” (recuerden que estoy en España, así que agreguen el acento). Esa frase fue seguida de gemidos varios, grititos que intentaban sonar ahogados y música (hip-hop por supuesto, de fondo). No mentira, eso de la música de fondo lo agregué yo.
Por mi parte, me sentí incómoda ya que no me habían invitado a esa fiesta, y el papel de paracaidista aún no lo ensayo, así que puse mis audífonos y abracé mi almohada para sentirme más en casa.
Y así es… anoche mi vecino que ronca, sufre amnea del sueño y le gusta el hip hop… tuvo visitas.