martes, 16 de noviembre de 2010

2:46



Miércoles a las 2:46 de la mañana, cuando el peso de todo un año complicado en su forma y función, agotador en todo sentido y lleno de experiencias que me han hecho crecer y retroceder, se te juntan en una sola palabra: cansancio. Cansancio, y Eddi Vedder recordándome que debo ir “Into the Wild”. Into the wild. A lo salvaje. Así me gustaría poder vivir. Con un poco menos de conciencia, con un poco menos de moralidad a cuesta. Sin tanta expectativas y exigencia “porque tu puedes”, “porque es tu sueño”. “porque es lo único que te voy a dejar”. ¿Cómo sabes si lo que quiero? ¿O si de verdad puedo?.

Tengo un peso en los hombros que al parecer no es mío. Tengo el peso de generaciones con sueños insatisfechos que se apoyaron en un cerebro y una cuna con valores y proyectos de hierro. Ir “Into the Wild. Ir a lo de verdad. A lo que se siente, más de lo que se piensa. A lo que sientes desde dentro, no lo que te dicen en la tele que sientas. A lo que realmente quieres, mas allá de lo que los otros quieren para ti. Ir a lo que te gusta, a lo que amas, sin considerar barreras sociales o morales que limitan tu felicidad “porque parece que …”, o porque “quizás no…”.

Tengo presión en el pecho que no me deja aclarar ideas ni cumplir con mi obligación adquirida 4 años atrás. Cuatro años atrás… tengo esas ganas locas, pero debo admitir que recurrentes, de mandar todo a la misma cresta. Todo. Y probar mi vida sin preocupaciones excesivas inculcadas desde no sé donde, ni cuándo. Sin obligaciones que no me di cuenta como adquirí. Sin tener que responder mails, ni llamadas, ni mensajes de facebook porque sí, porque tengo qué. Porque debo. Quiero escapar y volver renovada. Permitirme escapar ahora, ahora que no tengo un contrato pesando en mi espalda, ahora que nadie depende de mi para sobrevivir. Ahora que con lo poco que tengo puedo disfrutar. Ahora, antes de que ese mismo contrato me de plata pero solo 15 días al año para disfrutarla (S.SM.A). Ahora que si me equivoco, no es tan grave. Ahora que si me caigo, no es tan difícil pararse. Ahora que las lágrimas que surcan mejillas son débiles, pero seguras. Ahora que mi risa falsa que cultivé gracias al cinismo de “tener que estar bien” me sale natural… Ahora que aun mi cuerpo no está tan cansado como mi mente… Ahora…

Lector, ¿despiértame cuado acabe este otoño?


lunes, 21 de junio de 2010

Invicto


Por William Ernest Henley

Desde la noche que sobre mi se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma



lunes, 7 de junio de 2010

C'est la vie


Aeropuerto Charles de Gaulle, París. 18:48 hrs. 

Ella está sentada en la barra de un café, sola, ojeando un diario del día. Al parecer no hay nada interesante. Se distrae a ratos con un latte muy caliente, que aun expele vapor y parece imposible de beber sin quemarse la lengua. A pesar del paso de los años, aun viste una prenda de ropa negra, costumbre que tiene desde la pubertad sin ninguna razón especial aparte de disfrutar de ese color. Sus labios están pintados de rojo oscuro, costumbre que adquirió los últimos años de universidad cuando los colores de otoño y las ojeras la hacían palidecer y lucir cansada.

Él, deambula solo por los pasillos del aeropuerto. Parece estar en tránsito por lo cansado de sus ojos. Lleva un abrigo largo y el pelo despeinado. Y es que para ambos ha sido un largo día…

Unos pasos más allá, él la ve en la barra. La reconoce aún de espaldas. Es que su figura no ha cambiado nada y su cabello largo y ondulado en las puntas se mantiene igual.
¿Cuántos años han pasado?- Se pregunta a sí mismo. –Los suficientes, se responde casi sin pensar.

Él: Hola. (Pero al parecer habló muy bajo, pues ella no parece escucharlo). Hola.
Ella: (pensado para si) No, imposible. (Voltea lento y se enfrenta a su rostro, tal cual como lo recordaba pero con algunos años más marcados en sus facciones)

Se miraron un par de segundos, como reconociéndose mutuamente, como recordando un torbellino de sucesos ya enterrados en la memoria más profunda, pero no por eso olvidados. Como si revivieran a través de un sin fin de flashbacks lo que hace no tantos años sucedió. 

Ella: Hola. (Un silencio corto los invade, como si aun revieran en su mente algo importante). Hace muchos años que no sabía de ti… Creo que desde…

Él: (interrumpiéndola). No recordemos malos ratos. ¿Cómo estás? Te veo igual…
Ella: Muy bien, gracias. Tú luces algo cambiado, aunque tienes la misma mirada… ¿Qué haces acá?
Él: mi avión tuvo un retraso y ya tengo una noche acá sin respuestas. ¿Y tú?
Ella: Estaba en París y cambiaron mi vuelo para mañana en la noche. ¿Vuelas a Chile?
Él: Sí, creo que mañana en la noche. Me mandaron de la empresa a ver unos equipos. ¿Y tu también vuelves a Chile?
Ella: No, sigo a Alemania. Aún me queda una semana de descanso antes de volver a la realidad.

Se miraron por un instante y aunque sus ojos evitaban encontrarse, como si temieran un reproche, todo el que pasaba por su lado, aun a diez y seis pasos de distancia, podía darse cuenta de lo que ambos habían vuelto a sentir. 

Él: ¿Estás sola? O sea… ¿Andas sola?
Ella: Eh… no. Con mi novio.
Él: ya veo… ¿Pololo?
Ella: No. Novio. Hace dos días me pidió matrimonio. 
Él: ya veo… te vas a casar. 

Silencio. Él parece observarla detenidamente mientras ella sigue cabizbaja, pero a ratos lo mira como intentando saber qué observa.

Él: ¿idea mía o no estás muy feliz con eso? Mmmm… ¿Puedo saber si lo amas?
Ella: Todo depende desde el punto de vista desde que se vea. Él me quiere mucho, y ha sabido hacérmelo sentir. 

Él: eso que yo no supe hacer.

 Ella guarda silencio, como otorgándole la razón. 

Él: ¿Pero lo amas?

Ella: No siempre todo es amor. (Mira el reloj que cuelga de la pared del café). Creo que me tengo que ir. Se preocupará. 

Ella se acerca a despedirse, sin saber aún si lo hará con un gesto de mano, como en los países que ha visitado, o con un beso en la mejilla, como a ella le gustaría hacerlo. Aún dudosa, se acerca con ademán de besarle la mejilla. Él la abraza fuerte, como si por primera vez en todos estos años, hiciera contacto con lo que siente. 

Él: (aun abrazándola) La voy a raptar. (No la suelta). ¡La voy a raptar! ¡No puede ser que esto nos pase! ¡Volver a vernos en este lugar! ¡En estas condiciones! ¡Me la voy a raptar hoy mismo!

Ella: (un poco satisfecha y a la vez dudosa, pero siempre coqueta, se separa de su abrazo, el lugar más cómodo y cálido de su mundo. Le besa la mejilla muy cerca de la comisura del labio y, alejándose de él por cuarta vez en su vida, le dice: Por fin reaccionaste.


                                                                                                                    Para ti, Amanda. 



sábado, 5 de junio de 2010

Final


Final

Esas cosas que a veces pasan
Esas que te hacen darte cuenta que en realidad eres una partícula de polvo solitaria y sin importancia
Esas que te hacen ver que de tus ocho “amigos”, catorce conocidos, tres compañeros de universidad que están conectados en MSN, no te sirve ninguno para un momento difícil.

Que a pesar de que tienes 430 “amigos” de facebook (conocidos todos), solo uno estuvo dispuesto a escucharte.
A entregarte una palabra de autoconfianza
Transmitirte un poco de fuerza
Que solo un par de personas, inluída tu madre y tu misma, confía en ti y te cree capaz de lograr cosas importantes
Esas que te hacen darte cuenta que realmente, ¡Todos te mienten!
Todos te defraudan
Todos arrancan cuando el ánimo se torna difícil
Todos evitan y no encaran
Todos callan y no enfrentan.
Y en todos me incluyo

Hoy fue una de esas noches en que te das cuenta que la especie humana, como especie de vida, vale poco. Habremos arrugado la corteza cerebral para cupiera en el cráneo, pero somos una mierda.
Y que la soledad es parte de la vida y parte de la muerte
Esa muerte a la que aspiro llegar pronto.
En un valle verde con Montañas de fondo gris nevado.

miércoles, 2 de junio de 2010

Almas


Desde hace ya unos cinco días, distraigo mi mente durante el trayecto casa-universidad- universidad-casa con un libro que hace muchos años está en mi casa, pero que por esas razones que solo mi inconciente conoce, nunca me había interesado en leer. No sé si será por culpa de lo deprimente del terremoteado paisaje que el antiguo y desarmado bus de la línea 2 recorre, pero el libro me ha cautivado. No por la forma en que está escrito (el autor tiene un mínimo conocimiento de literatura), sino que por los hechos que expone. No pretendo hacer de esta prosa una crítica ni una reseña literaria, ya que no me siento capacitada para hacerla. Solo me limitaré a decir que habla sobre una teoría. Una teoría sobre las almas. Y que se basa en la antigua creencia de la re-encarnación de estás.

La verdad es que nunca me ha parecido muy descabellada la idea. Tampoco es que esté completamente segura de que mi alma la próxima vez que vuelva a la tierra poseerá el cuerpo de un sapo, o de un árbol, o de quien sabe que forma evolucionada de animal exótico del caribe. No. Pero si creo que el alma humana existe, y que es algún tipo de energía capaz de modificarse a medida que aprende en cada una de las vidas que se nos presentan, y que mientras sea imperfecta, o no haya obtenido la sabiduría suficiente, seguirá reencarnándose hasta que alcance un nivel de perfección, podríamos decir suficiente, como para descansar del vagaje de ser alumno y convertirse en algo superior, que siguiendo la lógica de los modelos educativos, podríamos llamar maestro. No quiero tocar temas religiosos, pero esta hipótesis me hace sentido incluso con la concepción de cielo que tienen muchos credos, tanto orientales como occidentales. Y es que eso de morir y vivir eternamente en un paraíso emmm… no. Que aburrido. Me motiva más la idea de volver a vivir como humana, imperfecta y errante, seguir aprendiendo y conociendo el mundo y el universo hasta que sea el momento, o quien sabe, para siempre. 

Es está línea de pensamiento la que ha guiado mis cavilaciones recientes. Y es que la idea de almas reencontrándose me “paró los pelos” como se dice en lenguaje coloquial. El autor las llama “almas gemelas”, pero creo que lo sobre-utilizado del término, tanto por poetas como por amantes, le quita peso a lo que realmente quiere decir. Almas Gemelas. No es que sean almas con un código genético idéntico, no. Él las define como almas que, a través del recorrido por el mundo, a través de ese ir y venir a la vida terrenal, en algún punto se cruzan, se conocen, se conectan y aprenden una de la otra. No necesariamente, aclara, en el plano romántico (ya que el ha vivido experiencias con madres, amigos, mendigos que se cruzan en la calle, etc), pero suele ser la más frecuente forma de presentación. Y es que reconocerlas, en su experiencia y la de sus clientes, no es difícil. Sucede, en su teoría, que al conocer a alguien basta con hablar 5 minutos, una hora, o conocerlo dos días para sentir que la relación lleva mucho más tiempo que el que objetivamente ha pasado. Parece que se conocieran de antes, los gustos son similares y el convivir parece fluir sin necesidad de una corriente externa o más poderosa de la que existe. 


Y es en este punto de la teoría donde me puse a analizar. A analizarme, en realidad. Y es que eso lo viví. Me bastó muy poco tiempo para sentir que conocía a un alma en profundidad. Y nada se forzó. Todo fluyó. Y no fue una, si no dos veces que tuve esa sensación con la misma alma pero en diferentes circunstancias. E insisto. Nada se forzó. Fue un estar en el lugar y en el momento preciso varios pares de veces. Hasta que se tomaron decisiones que parecían correctas. Y es que bajo la misma línea del autor, una cosa es que el destino siempre se encargará de juntar a las almas gemelas, pero otra muy distinta es el libre albedrío que todos los humanos, incluso aquellos que parece que “no tienen alma”, poseemos. Somos libres para tomar decisiones, me atrevería a decir que todas, y son esas mismas las que nos pueden alejar de nuestra alma gemela. Y ahí es donde el ciclo se repite. Algo impidió en las vidas pasadas que estas y aquellas dos almas se hicieran felices, o quizás lo fueron y quieren serlo de nuevo, o quizás fue muy poco tiempo y necesitan más para aprender lo suficiente la una de la otra… o quizás… quizás. Eso es lo cruel del destino y de la vida. No te permite leer la última página del libro, como a mi me gustaría. Pero creo que es lo que mantiene el factor sorpresa, ese que me encanta y me mantiene interesada en la vida y en general en las relaciones humanas. Quizás. Quizás que pasará ahora, porque esa alma que creo gemela ya está saliendo de mi vida y parece no querer volver. Quizás. Tal vez todo esto sea una teoría errada que dejaré de creer cuando encuentre otra que me llene más. O tal vez esto sea cierto, pero a mis 21 años aún no la encuentro y solo creí encontrarla. Quizás. Quizás en que acabará. Pero me gustaría que cuando lea el libro de mi vida, en alguna parte diga con certeza que la encontré, y que nos hicimos felices por el tiempo suficiente como para aprender el uno del otro en forma similar y sin culpas involucradas. 


La tristeza y la Furia


En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...

En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas...
Había una vez... un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque. La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y mas rápidamente aun, salió del agua...

Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...
Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...
Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque. En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.



Hoy no daré la cara


[Hoy no daré la cara]

Punto y Aparte.


Y la vida es así.
Como la gente decía que iba a ser.
“De ahora en adelante Nada será simple”.
-Lo sé, señor.-
Pero me gusta la Nada.

Y yo observo.
Pero me distraes.

Los perros (hombres) van por las calles, cabizbajos.
Sumidos en maletines y trajes de mangas y piernas largas. (es que les quedan grandes). 
Asumiendo su letanía interminable.
Agobiados. Cansados.
Cansados de sí mismos y sus incoherencias.

Nadie repara en la Luna.
(Mi Luna. Mi vida).

Y  sigue(n), siempre.
A paso lento. A tranco largo.
Hoy no me apuraré.
Tendré paciencia.
Lo entenderé.

Y yo observo.
Pero me distraes.

[“Hay quienes creen en milagros
Hay quienes creen en el diablo
Hay quienes no saben decir la verdad”]

Y yo observo.

No muy cerca hay un ¿niño?.
Te ve y sonríe.
Como si supiera cuánto lo anhelas.
Cuánto te endulza. 


Y yo observo.
Pero me distraes.

Es que no puedo dejar de mirarte.
Es que no puedo dejar de re-amarte...
No puedo dejar de amarte.