
Ella está angustiada. No puede dormir. Hay culpas que llenan su mente y su corazón, que está nuevamente ilusionado. Son culpas que ha ido olvidando, pero que al recordar arremeten y ocupan un pedacito del lugar asignado a la confianza. Que ganas de limpiar la mente, el alma. Pero Ella sabe que si no fuera por el recuerdo, por aquella sensación, por aquella conmoción interna que vivió, su vida actual no sería muy distinta a la de algunos años atrás: una vida sin mayor sentido y repleta de engaños a sus propios sentimientos.
A Ella la angustia su ausencia. Que no es una total ausencia, pero que ciertos días en la semana, especialmente los jueves y ocasionalmente los miércoles se vuelve extensa y abarcante. Vienen a su mente los recuerdos que hacen presente en estos momentos la culpa. Ella cree que se van a repetir, que se van a proyectar, que se van nuevamente a ocultar.
Su miedo, dice la parte de Ella que es sabia, es natural. Su angustia, es parte del proceso normal, agrega la parte de Ella que es racional. La parte de Ella que es catastrofista, dice que todo va a volver a pasar, que ahora es hora de pagar y que nada de lo que parece auténtico tiene cara de ser verdad. Pero en el fondo, esa pequeña parte de ella que es emocional, que es original, que es real… está esperanzada. Está confiando. Está creyendo. Se está enamorando…
Él, por su parte, no piensa en esa realidad. De hecho, ni siquiera sabe que existe. A veces, cuando no hay distancia y se sintonizan como la pareja enamorada que son, Él percibe que en el corazón de Ella hay dudas que sanar. No se lo dice, pero lo sabe. Y con cada acto de amor, de confianza, de ternura, de intimidad, de respeto y de admiración, le demuestra que realmente, sus dudas son miedos antiguos, que si bien no es imposible que se repitan, no hay intención alguna de hacerlos reales, pero que con gusto… la ayudará a sanar.
Confía, Amanda.
Duerme tranquila esta noche.
Él te ama.