miércoles, 2 de junio de 2010

Almas


Desde hace ya unos cinco días, distraigo mi mente durante el trayecto casa-universidad- universidad-casa con un libro que hace muchos años está en mi casa, pero que por esas razones que solo mi inconciente conoce, nunca me había interesado en leer. No sé si será por culpa de lo deprimente del terremoteado paisaje que el antiguo y desarmado bus de la línea 2 recorre, pero el libro me ha cautivado. No por la forma en que está escrito (el autor tiene un mínimo conocimiento de literatura), sino que por los hechos que expone. No pretendo hacer de esta prosa una crítica ni una reseña literaria, ya que no me siento capacitada para hacerla. Solo me limitaré a decir que habla sobre una teoría. Una teoría sobre las almas. Y que se basa en la antigua creencia de la re-encarnación de estás.

La verdad es que nunca me ha parecido muy descabellada la idea. Tampoco es que esté completamente segura de que mi alma la próxima vez que vuelva a la tierra poseerá el cuerpo de un sapo, o de un árbol, o de quien sabe que forma evolucionada de animal exótico del caribe. No. Pero si creo que el alma humana existe, y que es algún tipo de energía capaz de modificarse a medida que aprende en cada una de las vidas que se nos presentan, y que mientras sea imperfecta, o no haya obtenido la sabiduría suficiente, seguirá reencarnándose hasta que alcance un nivel de perfección, podríamos decir suficiente, como para descansar del vagaje de ser alumno y convertirse en algo superior, que siguiendo la lógica de los modelos educativos, podríamos llamar maestro. No quiero tocar temas religiosos, pero esta hipótesis me hace sentido incluso con la concepción de cielo que tienen muchos credos, tanto orientales como occidentales. Y es que eso de morir y vivir eternamente en un paraíso emmm… no. Que aburrido. Me motiva más la idea de volver a vivir como humana, imperfecta y errante, seguir aprendiendo y conociendo el mundo y el universo hasta que sea el momento, o quien sabe, para siempre. 

Es está línea de pensamiento la que ha guiado mis cavilaciones recientes. Y es que la idea de almas reencontrándose me “paró los pelos” como se dice en lenguaje coloquial. El autor las llama “almas gemelas”, pero creo que lo sobre-utilizado del término, tanto por poetas como por amantes, le quita peso a lo que realmente quiere decir. Almas Gemelas. No es que sean almas con un código genético idéntico, no. Él las define como almas que, a través del recorrido por el mundo, a través de ese ir y venir a la vida terrenal, en algún punto se cruzan, se conocen, se conectan y aprenden una de la otra. No necesariamente, aclara, en el plano romántico (ya que el ha vivido experiencias con madres, amigos, mendigos que se cruzan en la calle, etc), pero suele ser la más frecuente forma de presentación. Y es que reconocerlas, en su experiencia y la de sus clientes, no es difícil. Sucede, en su teoría, que al conocer a alguien basta con hablar 5 minutos, una hora, o conocerlo dos días para sentir que la relación lleva mucho más tiempo que el que objetivamente ha pasado. Parece que se conocieran de antes, los gustos son similares y el convivir parece fluir sin necesidad de una corriente externa o más poderosa de la que existe. 


Y es en este punto de la teoría donde me puse a analizar. A analizarme, en realidad. Y es que eso lo viví. Me bastó muy poco tiempo para sentir que conocía a un alma en profundidad. Y nada se forzó. Todo fluyó. Y no fue una, si no dos veces que tuve esa sensación con la misma alma pero en diferentes circunstancias. E insisto. Nada se forzó. Fue un estar en el lugar y en el momento preciso varios pares de veces. Hasta que se tomaron decisiones que parecían correctas. Y es que bajo la misma línea del autor, una cosa es que el destino siempre se encargará de juntar a las almas gemelas, pero otra muy distinta es el libre albedrío que todos los humanos, incluso aquellos que parece que “no tienen alma”, poseemos. Somos libres para tomar decisiones, me atrevería a decir que todas, y son esas mismas las que nos pueden alejar de nuestra alma gemela. Y ahí es donde el ciclo se repite. Algo impidió en las vidas pasadas que estas y aquellas dos almas se hicieran felices, o quizás lo fueron y quieren serlo de nuevo, o quizás fue muy poco tiempo y necesitan más para aprender lo suficiente la una de la otra… o quizás… quizás. Eso es lo cruel del destino y de la vida. No te permite leer la última página del libro, como a mi me gustaría. Pero creo que es lo que mantiene el factor sorpresa, ese que me encanta y me mantiene interesada en la vida y en general en las relaciones humanas. Quizás. Quizás que pasará ahora, porque esa alma que creo gemela ya está saliendo de mi vida y parece no querer volver. Quizás. Tal vez todo esto sea una teoría errada que dejaré de creer cuando encuentre otra que me llene más. O tal vez esto sea cierto, pero a mis 21 años aún no la encuentro y solo creí encontrarla. Quizás. Quizás en que acabará. Pero me gustaría que cuando lea el libro de mi vida, en alguna parte diga con certeza que la encontré, y que nos hicimos felices por el tiempo suficiente como para aprender el uno del otro en forma similar y sin culpas involucradas. 


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