lunes, 7 de junio de 2010

C'est la vie


Aeropuerto Charles de Gaulle, París. 18:48 hrs. 

Ella está sentada en la barra de un café, sola, ojeando un diario del día. Al parecer no hay nada interesante. Se distrae a ratos con un latte muy caliente, que aun expele vapor y parece imposible de beber sin quemarse la lengua. A pesar del paso de los años, aun viste una prenda de ropa negra, costumbre que tiene desde la pubertad sin ninguna razón especial aparte de disfrutar de ese color. Sus labios están pintados de rojo oscuro, costumbre que adquirió los últimos años de universidad cuando los colores de otoño y las ojeras la hacían palidecer y lucir cansada.

Él, deambula solo por los pasillos del aeropuerto. Parece estar en tránsito por lo cansado de sus ojos. Lleva un abrigo largo y el pelo despeinado. Y es que para ambos ha sido un largo día…

Unos pasos más allá, él la ve en la barra. La reconoce aún de espaldas. Es que su figura no ha cambiado nada y su cabello largo y ondulado en las puntas se mantiene igual.
¿Cuántos años han pasado?- Se pregunta a sí mismo. –Los suficientes, se responde casi sin pensar.

Él: Hola. (Pero al parecer habló muy bajo, pues ella no parece escucharlo). Hola.
Ella: (pensado para si) No, imposible. (Voltea lento y se enfrenta a su rostro, tal cual como lo recordaba pero con algunos años más marcados en sus facciones)

Se miraron un par de segundos, como reconociéndose mutuamente, como recordando un torbellino de sucesos ya enterrados en la memoria más profunda, pero no por eso olvidados. Como si revivieran a través de un sin fin de flashbacks lo que hace no tantos años sucedió. 

Ella: Hola. (Un silencio corto los invade, como si aun revieran en su mente algo importante). Hace muchos años que no sabía de ti… Creo que desde…

Él: (interrumpiéndola). No recordemos malos ratos. ¿Cómo estás? Te veo igual…
Ella: Muy bien, gracias. Tú luces algo cambiado, aunque tienes la misma mirada… ¿Qué haces acá?
Él: mi avión tuvo un retraso y ya tengo una noche acá sin respuestas. ¿Y tú?
Ella: Estaba en París y cambiaron mi vuelo para mañana en la noche. ¿Vuelas a Chile?
Él: Sí, creo que mañana en la noche. Me mandaron de la empresa a ver unos equipos. ¿Y tu también vuelves a Chile?
Ella: No, sigo a Alemania. Aún me queda una semana de descanso antes de volver a la realidad.

Se miraron por un instante y aunque sus ojos evitaban encontrarse, como si temieran un reproche, todo el que pasaba por su lado, aun a diez y seis pasos de distancia, podía darse cuenta de lo que ambos habían vuelto a sentir. 

Él: ¿Estás sola? O sea… ¿Andas sola?
Ella: Eh… no. Con mi novio.
Él: ya veo… ¿Pololo?
Ella: No. Novio. Hace dos días me pidió matrimonio. 
Él: ya veo… te vas a casar. 

Silencio. Él parece observarla detenidamente mientras ella sigue cabizbaja, pero a ratos lo mira como intentando saber qué observa.

Él: ¿idea mía o no estás muy feliz con eso? Mmmm… ¿Puedo saber si lo amas?
Ella: Todo depende desde el punto de vista desde que se vea. Él me quiere mucho, y ha sabido hacérmelo sentir. 

Él: eso que yo no supe hacer.

 Ella guarda silencio, como otorgándole la razón. 

Él: ¿Pero lo amas?

Ella: No siempre todo es amor. (Mira el reloj que cuelga de la pared del café). Creo que me tengo que ir. Se preocupará. 

Ella se acerca a despedirse, sin saber aún si lo hará con un gesto de mano, como en los países que ha visitado, o con un beso en la mejilla, como a ella le gustaría hacerlo. Aún dudosa, se acerca con ademán de besarle la mejilla. Él la abraza fuerte, como si por primera vez en todos estos años, hiciera contacto con lo que siente. 

Él: (aun abrazándola) La voy a raptar. (No la suelta). ¡La voy a raptar! ¡No puede ser que esto nos pase! ¡Volver a vernos en este lugar! ¡En estas condiciones! ¡Me la voy a raptar hoy mismo!

Ella: (un poco satisfecha y a la vez dudosa, pero siempre coqueta, se separa de su abrazo, el lugar más cómodo y cálido de su mundo. Le besa la mejilla muy cerca de la comisura del labio y, alejándose de él por cuarta vez en su vida, le dice: Por fin reaccionaste.


                                                                                                                    Para ti, Amanda. 



3 comentarios:

  1. Me gusto mucho el relato, me gusto más el relato previo al dialogo, me gustan estas historias asi en donde se vuelven a reencontrar, creo que es donde más se pronuncian y se ven claramente los sentimientos de la gente, debe ser tan fuerte como cuando recién comienza el romance
    muy lindo escrito Fer, es historia aislada? o podremos saber más en otra entrada??

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  2. me gustó, aunque creo que el labial rojo la hacía verse aún más pálida, al menos a mi me pasa.
    Y reaccionó al fin, pero a mi parecer es sólo la sensación de perderla definitivamente para siempre con el matrimonio, el tipo seguirá siendo un malulo insensible.
    saludos!

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  3. Gracias por sus comentarios. Los valoro mucho :)

    creo que es historia aislada, aunque todo puede siceder! Y si... Laura tiene razón. Seguirá siendo igual de insensible y poco jugado

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