
Ella: Estoy cansada.
Él: Yo también.
Ella: ¿Qué podemos hacer?
Él: No sé.
(silencio)
Ella: (al parecer dirá algo, pero solo suspira).
Él: ¿Qué estás pensando?
Ella: No, en nada.
Él: No te creo. Tienes esa cara de pensativa, ya te conozco.
Ella: (sonríe, dulcemente) Sí… estaba pensando en… en nosotros.
Él: ¿Y qué precisamente pensabas sobre nosotros?
Ella: Precisamente, nada. Nada es preciso o conciso en esta parte de mi vida…
Él: (sin comprender todavía). Ah.. “ésta parte de tu viuda”… ¿entonces?
(silencio)
Él: ¿debería preocuparme?
Ella: No, no amor. Solo nos recordaba a nosotros un par de meses atrás. No es nada malo.
Él: ¿eras más feliz hace unos meses atrás que ahora?
Ella: No, no es eso. Es solo que a veces siento que hemos perdido un poco de… no sé como llamarlo… pero es como si ahora fuéramos menos expresivos con… con nosotros, entre nosotros.
(silencio. Él nunca contesta estos pensamientos en voz alta de ella, quizás ni él mismo sabe por qué. Pero se aman. Se aman de verdad y cualquiera que los mire caminar justos de la mano o reírse juntos mientras se miran a los ojos, lo puede comprobar. Lo mejor, es que se respetan el uno al otro con defectos incluidos. Una es exagerada y sensible, el otro callado cuando se espera respuesta y a veces cansado. Y si esto lo dice el narrador omnisciente, es porque es verdad).
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